Cartel del II CIEIC. Ilustración © Laura Rubio, 2019
Este congreso fue muy interesante para mí por varios motivos. Había escuchado muy buenas cosas de la anterior edición, ésta era sólo la segunda, y además era en una ciudad que tenía muchas ganas de visitar porque había mucha gente a la que quería conocer de allí. El tema del congreso era muy amplio así que envié dos propuestas para dos ponencias muy distintas entre sí. Tremenda sorpresa fue que aceptaran ambas. Con lo que ello conllevaba, preparar dos presentaciones y en el futuro dos artículos. Es un congreso que recuerdo con mucho cariño no sólo por todo lo que aprendí sino por la enorme cantidad de gente que desvirtualicé y lo bien que lo pasamos. No sólo del mundo académico sino del mundo del cómic en general. Además, Zaragoza como ciudad me encantó.
En cuanto a mis ponencias, en ese momento estaba muy en boga cómo los cómics pueden utilizarse como herramienta en el aula, ya que como objeto – no sólo – cultural los cómics permiten la aproximación a cualquier tipo de necesidad didáctica; ya sea desarrollándolos en el aula o leyéndolos y posteriormente trabajando con ellos mediante el análisis tanto de la obra como de sus autores. Mi primera ponencia, El cómic como elemento evaluador en grados universitarios, iba un paso más allá y planteaba cómo los cómics pueden ser también un elemento que ayude a evaluar si los temarios impartidos en clase han sido realmente comprendidos. Y lo hacía mediante dos obras de Daniel Torres (Picasso en la Guerra Civil y La casa. Crónica de una conquista) proponiendo un método de evaluación para distintas asignaturas del Grado de Historia del Arte, específicamente.
Ejemplo de algunas de las diapositivas que usé como apoyo visual durante mi ponencia:




La Casa. Crónica de una conquista © Daniel Torres, Norma Editorial 2015 / Picasso en la Guerra Civil © Daniel Torres, Norma Editorial, 2018 / Presentación © Iria Ros, 2019
Mi segunda ponencia se centró en El trauma gráfico de las Guerras Yugoslavas. La historiografía tradicional ha sido muy crítica con las biografías y autobiografías como fuente para el estudio de la Historia. Tal y como comentaba Nick Salvatore en su artículo Biography and Social History: An Intimate Relationship la mayor crítica que recibía (y recibe) el estudio de las biografías por parte de la historiografía tradicional, es que éstas son – en teoría – irrelevantes a la hora de hacer Historia. Que les historiadores deben centrarse en el estudio de grandes movimientos de pensamiento, y los eventos que llevan a estos. Pero en realidad las biografías, y autobiografías, son fuentes de investigación muy interesantes e importantes. Mucho más, si se trata de estudiar un conflicto bélico, ya que los traumas que estos generan no sólo en las víctimas del mismo, sino en la sociedad, han encontrado un medio como es el cómic para tratar de mostrar, y procesar, los horrores del conflicto. En el caso del cómic, en ese momento y ahora, cada vez existen más biografías realizadas por descendientes que pueden hacer las preguntas pertinentes al protagonista del conflicto bélico. Así como autobiografías realizadas por los supervivientes. Y en ambos casos estos cómics no sólo reflejan hechos históricos concretos, sino que a su vez la publicación de la obra altera el concepto que se tiene de ellos, tanto del conflicto como de lo que conlleva para los supervivientes. Es cierto que el autor del cómic añade parte de su visión sobre el conflicto bélico, sin embargo, esto forma gran parte de su valor. Para mostrar todo esto utilicé el análisis de dos obras en concreto, Regards from Serbia de Aleksandar Zograf y Fables de Bosnie de Tomas Lavric.
Ejemplo de algunas de las diapositivas que usé como apoyo visual durante mi ponencia:



Regards from Serbia © Aleksandar Zograf, Top Shelf Productions, 2007 / Fábulas de Bosnia © Tomas Lavric, Glénat España, 2001 / Presentación © Iria Ros, 2019